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Productos fitosanitarios: ¿deben prohibirse?

Utilizados de forma intensiva desde hace unos 50 años para proteger los cultivos contra las malas hierbas, los insectos y las enfermedades, hoy en día los productos fitosanitarios son objeto de una denigración generalizada. Se les critica que inducen efectos negativos en el medio ambiente y en la salud pública, que tienen repercusiones en los equilibrios ecológicos, que se los emplea sin medida, etc. Pero, ¿son realmente útiles? ¿Son peligrosos para el ser humano, para los suelos, para la calidad del agua o del aire? ¿Podríamos dejar de utilizarlos? ¿Podrían emplearse mejor? En este documento hemos reunido una serie de elementos que nos permitirán percibir con más claridad todos estos interrogantes.

CONCEPTO

Definición

Los productos fitosanitarios, también conocidos como «productos fitofarmacéuticos», «productos para la protección de las plantas» e incluso «pesticidas», están destinados a proteger las plantas, por lo general los cultivos, contra los insectos, las enfermedades y las malas hierbas. Están compuestos por una o varias substancias activas, diluidas o más bien «formuladas», para emplear el término técnico, con «ligantes », eventualmente con adyuvantes, y en el caso de productos que se presentan en forma líquida, con agua o disolventes.
Un producto fitosanitario no está necesariamente constituido por moléculas sintéticas, ya que también puede componerse de moléculas orgánicas naturales.
Al igual que los medicamentes, antes de ser comercializados, los productos fitosanitarios están sometidos a una serie de estudios, como exige la normativa, para cerciorarse de que no presentan riesgos en condiciones normales de utilización. Sólo se los puede comercializar una vez que han sido autorizados.

No confundir producto fitosanitario y fertilizante

Aunque los productos fitosanitarios y los fertilizantes se emplean habitualmente en agricultura, los primeros están destinados a proteger los cultivos contra diferentes agresiones, mientras que los segundos aportan a las plantas los elementos nutritivos que necesitan para desarrollarse (nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, etc.). Obsérvese que los productos fitosanitarios y los fertilizantes pueden, ambos, ser de origen químico o natural.

El papel de los productos fitosanitarios

Se los puede clasificar en varias categorías:

  • Los insecticidas están destinados a eliminar los insectos, incidiendo en el desarrollo normal de su ciclo de vida, para evitar que se multipliquen y que destruyan los cultivos. En Francia, los insectos más dañinos son los pulgones, ya que pueden transmitir enfermedades, pero también las doríferas, las cicadelas, los agriotes, etc. En otros países, los insecticidas están destinados a destruir las langostas, por ejemplo, que pueden ser muy dañinas para los cultivos. 
  • Los herbicidas, que limitan el desarrollo de plantas que compiten con los cultivos, a las que también se da en llamar «malas hierbas» o «plantas adventicias». Tal es el caso de la grama, del cardo, de los chenopodium, de la morella, de la mostaza de los campos, etc. Los herbicidas también se emplean para suprimir las malas hierbas de las aceras, las vías férreas, los caminos, los espacios verdes, etc.
  • Los fungicidas protegen las plantas de las enfermedades provocadas por los champiñones, en latín fungus. Las enfermedades más frecuentes son el mildiu (mosaico), el oídium y las antacnosis, que pueden atacar diversas variedades de plantas. Algunas enfermedades pueden ser muy perjudiciales a una gama más limitada de cultivos, como es el caso de la septoriosis, de la podredumbre gris, de la esclerotinia, etc.
  • Los molusquicidas están destinados a luchar contra las babosas y demás moluscos.
  • Los reguladores de crecimiento se emplean con diferentes finalidades según el tipo de cultivo. En los cereales, por ejemplo, están destinados a limitar la altura de las plantas y reforzar el diámetro del tallo, para incrementar el rendimiento en granos y reducir el riesgo de ruptura del tallo en caso de producirse una tormenta o soplar vientos muy fuertes. En arboricultura frutícola, reducen la cantidad de frutas obteniéndose frutos más regulares y de mejor tamaño.

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Algo de historia

Los productos fitosanitarios se emplean desde hace mucho tiempo para proteger los cultivos.

- Los productos a base de arsénico, en particular el arseniato de cobre, se emplean desde 1865 como insecticidas para luchar contra las doríferas, una plaga de la patata. En Francia, el arseniato de sosa se utilizó durante mucho tiempo para proteger la viña, pero actualmente ya no está autorizado.

- La célebre «caldo bordelés», que se fabrica a partir de sulfato de cobre y de cal, fue inventado por Ulysse Gayon, un químico de Burdeos, y Alexis Millardet, un botánico, a principio de los años 1880, para proteger la viña del mildiu. Todavía se lo sigue utilizando en la viña pero también se lo emplea en muchos otros cultivos, especialmente en agricultura ecológica.

- El DDT se puso a punto en 1874, pero Paul Hermann Müller descubrió sus propiedades insecticidas recién en 1939, que recibió por tal razón el premio Nobel de Medicina en 1948. El DDT se comenzó a emplear a muy gran escala a partir de la Segunda Guerra Mundial, para luchar contra los insectos, especialmente contra los mosquitos que constituyen un vector del paludismo y del tifus. Las investigaciones de una bióloga norteamericana han revelado los efectos cancerígenos del DDT, que han conducido a su prohibición en muchos países a comienzos de los años 1970. No obstante, su utilización sigue estando autorizada en algunos países tropicales.